WhatsApp incorpora controles parentales: más privacidad y acompañamiento para los menores

WhatsApp forma parte de la vida cotidiana de muchas familias. Los adolescentes lo utilizan para hablar con amigos, participar en grupos escolares, organizar actividades y mantenerse comunicados con sus personas cercanas.

Sin embargo, hasta ahora la aplicación ofrecía pocas herramientas específicas para que madres, padres y responsables pudieran acompañar el ingreso de los más chicos. Durante 2026, WhatsApp comenzó a incorporar dos novedades importantes: las cuentas administradas por adultos y los nombres de usuario.

Aunque cumplen funciones diferentes, ambas pueden contribuir a construir una experiencia más segura y privada.

Cuentas administradas por madres, padres o responsables

WhatsApp establece una edad mínima de 13 años para utilizar su servicio, aunque este requisito puede ser mayor en algunos países. Las nuevas cuentas administradas por adultos están pensadas para quienes todavía no alcanzaron la edad mínima requerida en su región.

Para configurarlas, el adulto debe tener su propio teléfono y el dispositivo del menor. Ambos equipos se vinculan y el adulto establece un PIN que protege los controles parentales.

Estas cuentas permiten:

  • Decidir quién puede comunicarse con el menor.
  • Administrar solicitudes de contacto de personas desconocidas.
  • Controlar en qué grupos puede participar.
  • Configurar opciones de privacidad.
  • Recibir determinados avisos sobre la actividad de la cuenta.
  • Limitar la experiencia principalmente a mensajes y llamadas.

El adulto puede administrar estos aspectos, pero no leer el contenido de las conversaciones. Los mensajes y llamadas personales continúan protegidos mediante cifrado de extremo a extremo.

Esto introduce una diferencia importante entre acompañar y espiar. El adulto puede configurar condiciones de seguridad y conocer determinadas situaciones, pero no acceder secretamente a cada intercambio.

Según WhatsApp, las cuentas administradas se están habilitando progresivamente y su disponibilidad puede variar según el país y la versión de la aplicación. La configuración oficial puede consultarse en el Centro de ayuda de WhatsApp.

El nombre de usuario: conversar sin compartir el número

La segunda novedad es la incorporación de nombres de usuario.

Hasta ahora, para iniciar una conversación en WhatsApp generalmente era necesario compartir el número telefónico. Esto podía exponer un dato personal ante compañeros ocasionales, integrantes de grupos, comercios o personas que el adolescente no conocía suficientemente.

Con la nueva función, cada persona podrá elegir un nombre de usuario y utilizarlo para conectarse sin revelar su número en el primer contacto.

WhatsApp anunció que:

  • El nombre de usuario será opcional.
  • No existirá un directorio público para buscar personas.
  • Será necesario conocer el nombre exacto.
  • Podrá agregarse una clave adicional para controlar quién inicia el contacto.
  • Si el usuario activa esta función, una persona o empresa nueva no verá inicialmente su número telefónico.
  • La reserva se realiza desde Configuración > Cuenta > Nombre de usuario, cuando la opción está disponible.

La reserva comenzó a desplegarse en junio de 2026, pero la función completa se habilitará gradualmente durante los próximos meses. Por eso, es posible que todavía no aparezca en todos los teléfonos o países. WhatsApp notificará a cada usuario cuando se encuentre disponible. La información actualizada está publicada en el anuncio oficial sobre los nombres de usuario.

¿Por qué puede ser útil para los adolescentes?

El número telefónico es un dato personal relativamente estable. Puede utilizarse para llamar, enviar mensajes, localizar una cuenta en otras plataformas o intentar acceder a distintos servicios.

Un nombre de usuario agrega una capa de privacidad porque permite establecer un primer contacto sin entregar inmediatamente ese dato.

Puede resultar útil en:

  • Grupos escolares o actividades extracurriculares.
  • Torneos y comunidades de videojuegos.
  • Cursos o talleres.
  • Intercambios con personas conocidas recientemente.
  • Compras y consultas.
  • Grupos numerosos cuyos integrantes no se conocen entre sí.

Sin embargo, utilizar un nombre de usuario no elimina todos los riesgos. Los adolescentes seguirán necesitando aprender a reconocer contactos sospechosos, bloquear cuentas, denunciar mensajes y evitar compartir datos, imágenes o información privada.

Una configuración para revisar en familia

Cuando la función se habilite, no conviene elegir cualquier nombre. Es recomendable evitar que incluya:

  • Nombre y apellido completos.
  • Año de nacimiento.
  • Nombre de la escuela.
  • Barrio o lugar de residencia.
  • Información que permita identificar fácilmente al adolescente.

También será importante revisar juntos:

  • Quién puede ver la foto de perfil.
  • Quién puede consultar la información y la última conexión.
  • Quién puede agregarlo a grupos.
  • Si están activadas las llamadas de números desconocidos.
  • Qué hacer ante una solicitud inesperada.
  • Cómo bloquear y denunciar una cuenta.
La herramienta ayuda, pero la conversación sigue siendo necesaria

Los nuevos controles representan un avance porque reconocen que los menores necesitan experiencias acordes con su edad. También permiten acompañar sin acceder al contenido privado de cada conversación.

Pero ninguna configuración puede interpretar una situación incómoda, detectar todas las formas de manipulación o garantizar que un adolescente pida ayuda.

Por eso, además de configurar la aplicación, necesitamos conversar:

  • ¿Qué harías si una persona desconocida te escribe?
  • ¿Qué información nunca compartirías?
  • ¿Cómo reconocerías una cuenta falsa?
  • ¿A quién recurrirías si alguien te amenaza o te presiona?
  • ¿Sabés cómo bloquear y denunciar?
  • ¿Podrías contarme algo que pasó en WhatsApp sin miedo a perder inmediatamente el teléfono?

Esta última pregunta es fundamental. Si la primera respuesta adulta ante cualquier dificultad es quitar el dispositivo, es posible que la próxima vez el adolescente decida ocultar lo sucedido.

Acompañar su vida digital no significa leer todas sus conversaciones. Significa conocer las herramientas, establecer acuerdos, enseñar criterios y construir la confianza necesaria para que puedan pedir ayuda.

También los adultos tenemos algo que revisar

La privacidad que reclamamos para los menores también debe estar presente en nuestras prácticas. Antes de publicar una fotografía familiar, compartir una captura de pantalla o reenviar un mensaje privado, los adultos podemos preguntarnos si contamos con el consentimiento de las personas involucradas.

No podemos enseñar cuidado digital solamente mediante restricciones. También lo enseñamos con nuestro comportamiento.

Las nuevas herramientas de WhatsApp pueden ayudarnos, pero aprender a habitar esta era requiere algo más profundo: adultos dispuestos a informarse, adolescentes que puedan participar en los acuerdos y familias capaces de construir criterios en conjunto.

La tecnología cambia rápidamente. El acompañamiento también necesita actualizarse.

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Giselle Gonzalez
Especialista en Marketing y Tecnologías

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